jueves, 18 de junio de 2009

LEVANTARSE CON EL PIE IZQUIERDO

Dibujito de una experiencia bestial /Junio 09/

Cinco minutos después de sonar el despertador, me incorporo y lo primero que hago es mirar por la ventana. Feos nubarrones tapan el sol, se me pone la cara de fastidio pensando en si lloverá o no lloverá, y que es lo que me voy a poner.
Vas a poner el pie en el suelo para levantarte, y no prestas atención en si es el derecho o el izquierdo. Nunca lo haces.
Como la mayoría de veces, salgo corriendo de casa perdiendo los zapatos por la puerta, todo camino abajo. Cuando llego a la estación ya estoy fundida, busco un banco donde sentarme pero todos están ocupados. Alguno tiene una plaza para compartir, pero viendo el personal que lo ocupa, una pareja de la que podías escuchar su conversación a kilómetros de distancia, preferí pasar de largo. Tenía uno de esos días, en los que no te apetece ni multitudes, ni escuchar conversaciones de nadie.
A los pocos minutos llego el tren puntualísimo, se agradece, me aleje aun mas de la gente que esperaba, y me subí al penúltimo vagón. Estaba más lleno de lo normal, que fastidio, me fui a sentar en la única fila completa de asientos vacios que había, pensando en cambiarme los zapatos por otros más cómodos que llevaba de repuesto.
Cuando de pronto, como un mal sueño, se sientan delante mío Oh horror¡ la pareja que se encontraba sentada en la estación, hablando en un excesivo volumen de voz.
Ella justo delante mío, embutida en una camiseta de manga corta color amarillo pistacho, y una falda de tubo, creo recordar roja; el pelo cobrizo largo, graso y necesitada de tinte por la ralla kilométrica entre negra y gris que mostraba, conjuntada con la sombra de su bigote.
Sin duda una mujer sin complejos. A su lado su marido, con bermudas azules y camiseta amarillo claro, en perfecta armonía con su mujer. Con ellos hablando amistosamente, a solo un asiento de mí, un hombre joven trajeado, con gafas de pasta negra, que según se podía oír, era abogado.
Yo tenía uno de esos días, en los que no me apetecía escuchar la conversación de nadie.
Que si la hipoteca y la declaración, que yo me lo monto muy bien pero Antonio se hace la picha un lio….Y lo que le ha pasado a Fernanda o Amanda con el piso que tiene alquilado a unos sinvergüenzas que se lo han destrozado¡
Me pongo mi mp3 a toda leche para quedarme sorda, mientras saco mi bocadillo de tortilla de patatas con calabacín (mi comida hasta las 5 de la tarde)… los sigo oyendo, no tienen pausa.


Se piden los teléfonos, la Carmen o Lola que no se lo sabe de memoria y tampoco se aclara con el móvil…..su marido que sigue con la conversación…..el abogado coge el móvil a su señora y trastea con él a solo unos centímetros de mi espacio.
Me imagino con poderes, me imagino puedo transformarme en una bestia despiadada y espantosa… ¡pánico en el vagón ¡que carnicería, como una película gore la bestia arranca cabezas. Cuando se ha saciado, salta por una de las ventanas, rompiendo el cristal como si fuera papel. Corre hacia la mar a purificarse, a recuperar su estado normal.
Oh Dios mío ¡ha funcionado¡ se bajan en la próxima estación, desaparecen. Todo queda en silencio, ahora solo puedo escuchar a Ella Fitzgeradl Night and Day bajo el volumen, estaba demasiado alto. Ya me siento mejor, mucho mejor, me cambio de zapatos mientras escucho a Nina Simone My bay just care for me, y así en calma llego a mi estación, abandono el tren y mezclándome entre la multitud vuelvo a la cotidianidad.

La bestia se quedo en la playa sentada sobre unas rocas pescando, canturreando I feel good de James Brown.

2 comentarios:

  1. Qué gore!- Me ha parecido ver una pelicula de Alex de la Iglesia.

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  2. ja ja ja...algo asi me imaginaba en ese momento escribir la historia en el vagón fue divertido y terapéutico..

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